jueves, 25 de septiembre de 2008

Las rubias tontas también tienen corazón

“Legalmente rubia” (2001)


No sé cómo será en otros países, pero aquí en Argentina solemos definir a las modelos como “huecas”, es decir, sin mucha materia gris. Y eso se hace extensivo a las “conchetas”, a las pibas superficiales que se preocupan mucho de la apariencia, de verse bien. Y mientras más bonitas se vean, más pensamos que son huecas, primera impresión que solemos mantener a pesar que evidencias posteriores contradigan esa afirmación inicial. Entre todas ellas las rubias son íconos: “rubia tarada”, cantaba Luca Prodan en Sumo, décadas atrás. La canción reprochaba no sólo que fuera “tarada”, sino que además de eso, fuera “rubia”. Doble falta.
Por eso cuando vi esta película, pensé en la rubia tarada de Luca Prodan. La chica de apellido difícil (Reese Witherspoon) pone el cuerpo al personaje de Elle Woods, una típica rubia de preparatoria preocupada por todo lo que signifique las apariencias. Ella decide inscribirse en Harvard para así recuperar a su novio que estudia allí, el cual la ha dejado porque no está a su altura (él es de una aristocrática familia dedicada a las leyes).
Elle logra ser admitida gracias a un video en traje de baño que dejó muy impresionados a los ancianos dirigentes de Harvard. A partir de allí, Elle lucha en un ambiente que la considera una “rubia tarada”, incapaz de usar su sesera en algo productivo.
La película cuenta las desventuras de Elle en tono de comedia, confrontando a los espectadores con las actitudes “huecas” de la heroína; en más de una situación el público puede sentir la tentación de murmurar “que rubia tan tonta”, y en cierto modo a veces parece que no queda remedio.
Pero Elle tiene buen corazón. Hace todo eso por amor, y generalmente se resiste a devolver mal con mal. Es rubia y es tonta, pero no es mala. A su manera es una buena persona de buenas intenciones, y eso es lo que rescato como mensaje de la película.
Acompañan a la rubia tonta, Luke Wilson, que interpreta a Emmet, un potencial nuevo candidato para Elle. El sujeto es ideal para este tipo de papeles, por la cara que tiene; y si no, comparemos sus papeles en “Home Fries” (“Todo queda en casa”, 1998) “Los Ángeles de Charly” “Mi súper ex novia” (2006); moviéndose entre el protagonismo y el segundo plano, generalmente supeditado a un personaje femenino central.
También está Selma Blair, en el rol de Vivian, la nueva novia del ex novio de Elle, y por tanto, la anti-heroína; pero en la vida real es muy amiga de Witherspoon. Blair se lució después de esta película en otros títulos como “La cosa más dulce” (The Sweetest Thing, 2002) y “Cosa de hombres” (en España “Cosa de tíos”) (A Guy Thing, 2003), en papeles de frigidez que ella sabe explotar muy bien. Hasta participó en “Friends”, donde encaraba a Chandler en Tulsa, durante la Navidad.
También destaca Jennifer Coolidge en el rol de Paulette, una cuarentona venida a menos y enamorada platónicamente del cartero. Seguramente muchos la recordarán por su ya legendario papel de “Stifler's Mom” en “Américan Pie” (1999). Bueno, Paulette es todo lo contrario de “Stifler's Mom”.
Completan el reparto, Matthew Davis como Warner (el novio que Elle quiere reconquistar); Victor Garber como el Profesor Callahan (abogado que también da clases y para el cual Elle trabaja); Ali Larter como Brooke Taylor Windham (una rubia bomba acusada de asesinato que Elle deberá defender); y Jessica Cauffiel y Alanna Ubach, en los roles de Margot y Serena, las amigas de Elle y de igual tontudez que ella.
Para divertirse un rato, pues se trata de una película pochoclera. A no perderse la escena de Reese en bikini porque es breve, pero seguro la disfrutareis tanto como los directivos de Harvard, que así permitieron que Elle entrara en sus vidas. El final es el que puede esperarse en este tipo de películas y en el cine norteamericano en general, pero ojo que mientras tanto, el mensaje subliminal está corriendo: “las rubias tontas también tienen corazón".

jueves, 18 de septiembre de 2008

Memorias de un inglés en el Ejército Libertador

“Memorias del general Miller”

He leído este libro a comienzos del presente año. Se trata de una edición de Emecé, en la colección “memoria argentina” (Buenos Aires, 1997). El subtítulo dice “escritas por John Miller”, lo cual causa cierta confusión, como le pasó a un amigo mío, que dijo “y más vale que las escribió John Miller, si son las memorias del general Miller”. Pero no, son las memorias de William Miller, aunque (cosa un poco rara) no las escribió él mismo sino su hermano. Eso permite con más comodidad el uso de la tercera persona en vez de la primera, y contribuye a dar un tono más ecuánime e imparcial al relato.
William Miller fue uno de tantos guerreros que quedaron sin trabajo en Europa cuando Napoleón fue abatido; entonces pensó en viajar a América, tal como cuentan sus memorias:

Los años 1816 y 1817 los pasó casi enteramente en el continente europeo. Durante su residencia en él, tuvo la oportunidad de asociarse a una casa de comercio francesa; pero después de un pequeño ensayo abandonó la intención de adelantar su fortuna por aquel medio. Cuando regresó a Inglaterra se cansó pronto de una vida ociosa, y fijando su atención sobre el estado de la lucha entre la América Española y la metrópoli, consideró que el Río de la Plata era el punto más a propósito a que podía dirigirse; puesto que pocos o ningunos ingleses ansiosos de gloria militar habían marchado a aquel país, por cuya razón Mr. Miller lo prefirió a Colombia, cansada de aventureros de todas especies.

El libro se ocupa en narrar primero, desde el punto de vista del autor obviamente, las razones de la lucha; él las ubica en el defectuoso sistema colonial español, que había empujado a América a buscar su libertad. Eso abarca el capítulo 1; en el capítulo 2 pinta la escena en América durante los primeros convulsionados años del siglo XIX, hasta llegar al año cero: 1810.
En el capítulo 3 narra las operaciones militares entre patriotas y realistas en el territorio del virreinato del Río de la Plata, desde 1810 hasta 1816 aproximadamente. Esto da pie para narrar, en el capítulo 4, la preparación del Ejército de los Andes en Cuyo y el cruce de la cordillera. Allí, Miller retrocede en el tiempo y en el capítulo 5 explica la situación de Chile en el período de la “Patria Vieja”, y durante la reconquista realista, antes de narrar la campaña de San Martín en Chile hasta el fallido asalto a Talcahuano (diciembre de 1817). Recién en el capítulo 6 comienza el relato de la travesía de Miller llegando a Buenos Aires; y recién en el capítulo 7 lo vemos incorporarse al Ejército de los Andes argentino-chileno, a tiempo de participar en las batallas de Cancharrayada y Maipú.
Miller narra así los primeros días en el ejército patriota:

El primer pequeño incidente que ocurrió, fue el paso del río Maypo (…) su único puente está construido de un modo que puede llamarse de cables de cuero: lo necesario para que pase un carruage. (…). La infantería lo pasó (…) sin la menor dificultad (…) pero cuando llegó la artillería, principiaron las dudas de si podría o no verificarlo. Con obgeto de ver desfilar sus tropas y presenciar el paso del río, se había colocado el general (San Martín) en una alturita desde donde podía verlo todo, y al nacer estas dificultades, tuvo una especie de consulta co los gefes de ramo e inteligentes, sobre la posibilidad del paso de la artillería: en las dudas se ofreció el capitán Miller a conducir el primer cañón. (…) El carruage tomó tal velocidad, que los dos artilleros que lo sostenían, ayudados por el capitán Miller, perdieron el equilibrio y el cañón se disparó. La cureña se enredó en la balaustrada de cuero (…), el piso del puente adquirió una inclinación casi perpendicular, de forma que cuantos estaban en él, tuvieron que agarrarse a algo para quedar colgando, y no precipitarse en el torrente (…). Pero como no cedió ninguno de los apoyos del puente, se disminuyó poco a poco el susto (…) y se aventuraron dos o tres hombres a entrar en el puente a darles asistencia. Desmontaron con gran dificultad el cañón y la cureña, y lo condujeron todo en piezas separadas a la otra orilla. El resto de la artillería fue a pasar el río por un bado (sic), cuatro o cinco leguas mas abajo. El capitán Miller no perdió nada de su buen crédito por este accidente (…), antes al contrario le hizo conocer como un hombre que sabía despreciar su vida, al mismo tiempo que atrajo sobre sí la vista de su general, al principio mismo de su carrera.

Como puede verse en este texto, la narración entra en detalles muy sabrosos, que sólo se pueden conseguir en un testimonio de primera mano. A partir de aquí Miller no relata nada de oídas, sino lo que ha visto y vivido. A partir de aquí cuenta las acciones de guerra en que le tocó participar, en Chile y en Perú. Sirvió bajo el mando de su compatriota Cochrane, fuerte enemigo de San Martín aunque ambos luchaban contra los realistas. Cochrane ha dejado venenosos párrafos dedicados a San Martín, de donde se nutren algunos ultraderechistas chilenos para denigrar al Libertador. Afortunadamente, el pueblo de Chile en general no cae en estas trampas.
Es de imaginar lo difícil que sería para Miller estar entre dos jefes enfrentados mutuamente. A ambos les dedica palabras elogiosas, y procura mantener una distancia neutral al opinar. Así relata como se zanjó la disputa entre Cochrane y San Martín, protector del Perú:

El 26 del mismo mes (septiembre de 1821) transmitió el protector a lord Cochrane una copia de aquella parte de las instrucciones privadas que había recibido del gobierno de Chile, que le autorizaban como general en gefe de la expedición libertadora, para disponer del todo o parte de la escuadra, según lo considerase conveniente; y en virtud de estos poderes mandó al almirante y a los buques bajo su mando, salieran de las costas del Perú. Poco después el lord Cochrane dio la vela para California.

Las memorias de Miller llegan hasta la memorable batalla de Ayacucho (1824), aunque la edición que yo leí sólo narra las acciones en Perú hasta la renuncia de San Martín, después de entrevistarse en Guayaquil con Bolívar. Esto está bien aclarado en la primera página por parte de los editores.
Para quien guste de la historia y pueda disfrutar de libros testimoniales, encontrará en esta obra una fuente de buenos momentos. Hasta la próxima.

jueves, 11 de septiembre de 2008

El pistolero y el samurai

"Letters from Iwo Jima" (2006)

Clint Eastwood se hizo famoso, entre otras cosas, por sus rudos personajes de pistolero. Con una pasmosa habilidad sacaba el “Colt” y dejaba tendidos a los forajidos en el polvo del desierto, allá en el Lejano Oeste.

Ahora Eastwood tiene muchos más años encima; y dicen que con los años viene la sabiduría. Tal vez esa sea una de las razones que explica como justamente él vino a hacer una de las mejores (sino la mejor) películas sobre la batalla de Iwo Jima de la Segunda Guerra Mundial.
Vamos, siendo un “duro” y simpatizando con el Partido Republicano, uno esperaría que Clint estuviera poco inclinado a confraternizar con el enemigo o darle aunque sea una pizca de razón. Pero lo hizo, y de qué modo.

Eastwood estaba embarcado en el proyecto de filmar “Flags of our Fathers”, sobre la controversia en torno a la famosa foto de los marines norteamericanos clavando su bandera en la cima del monte Suribachi. La historia de esa foto bien valía una película, y Clint se propuso filmarla. En el camino surgió la posibilidad de contar la batalla desde la perspectiva de los japoneses, y Clint puso manos a la obra. Filmando en tiempo record tuvo las dos películas listas, y las estrenó con un mes de diferencia a comienzos de 2006.

La película está hablada en japonés (excepto unas cuantas frases sueltas que dicen unos soldados norteamericanos) y cuenta la desesperada defensa de la isla de Iwo Jima en 1945. Comienza cuando científicos japoneses excavando el Suribachi encuentran un saco con cartas; de allí la narración salta a los días previos a la batalla, cuando el comandante Kuribayashi se hace cargo de la defensa de la isla. Este oficial conoce EUU y a los estadounidenses, así que sabe que contra ellos no funcionarán las tácticas de “ataque banzai” (atacar a pecho descubierto buscando la victoria o la muerte con honor). Propone en cambio una defensa palmo a palmo, cuidando las vidas de los soldados lo más posible, aunque no se hace ilusiones reales con una victoria. Su objetivo en realidad es retrasar lo más posible la ocupación de la isla, y tiene una muy buena razón: si los norteamericanos conquistan Iwo Jima la convertirán en base desde donde bombardear las ciudades japonesas. La escena donde Kuribayashi arenga a sus soldados diciéndoles que “cada día que podamos luchar aquí es un día menos de sufrimiento para nuestro pueblo”, pone la piel de gallina.


Aunque hay algunos lugares comunes, como el típico oficial que maltrata a los soldados y el típico oficial que los protege, la película no es complaciente en ningún momento. Muestra los sacrificios que impone la guerra y el costo que esta trae para la humanidad, más allá de pueblos y culturas. Sin proclamas innecesarias, la peli difunde un claro mensaje antibelicista. Para ello muestra encarnizadas escenas de batallas (muy bien logradas) pero también, a través de imágenes en flashbacks, retratos de la crueldad y el patriotismo barato en la retaguardia civil.

Del elenco, el único conocido en Occidente es Ken Watabanabe, ya famoso por su papel en “El Úlimo Samurai”; aquí encarna al general Kuribayashi, en cierto modo un samurai del siglo XX. El joven Kazunari Ninomiya (23 años en 2006) interpreta a Saigo, un ex panadero que continuamente escribe cartas a su esposa Hanako (Nae) y que es protagonista central junto con Kuribayashi. Ryo Kase es Shimizu, un ex policía militar degradado a simple soldado de infantería por no ser lo suficientemente “duro”. Tsuyoshi Ihara compone al barón Nishi, un carismático y querible oficial que va a Iwo Jima con su caballo (fue campeón olímpico). Todos ellos son actores con carreras sólidas a sus espaldas en Japón.

Esta es la primera película que veo donde la guerra se ve desde la mirada de los japoneses, y me pareció excelente. Hacía falta esta película, para romper con los moldes de las películas simplistas estilo John Wayne; que dicho sea de paso filmó su propia versión de esta batalla, allá por 1949: “Sands of Iwo Jima”. Obviamente, ni a los talones del filme que estamos comentando.Fue una suerte que el pistolero Clint se decidiera a filmar sobre esos toscos samurais de Iwo Jima. Una suerte.