jueves, 18 de septiembre de 2008

Memorias de un inglés en el Ejército Libertador

“Memorias del general Miller”

He leído este libro a comienzos del presente año. Se trata de una edición de Emecé, en la colección “memoria argentina” (Buenos Aires, 1997). El subtítulo dice “escritas por John Miller”, lo cual causa cierta confusión, como le pasó a un amigo mío, que dijo “y más vale que las escribió John Miller, si son las memorias del general Miller”. Pero no, son las memorias de William Miller, aunque (cosa un poco rara) no las escribió él mismo sino su hermano. Eso permite con más comodidad el uso de la tercera persona en vez de la primera, y contribuye a dar un tono más ecuánime e imparcial al relato.
William Miller fue uno de tantos guerreros que quedaron sin trabajo en Europa cuando Napoleón fue abatido; entonces pensó en viajar a América, tal como cuentan sus memorias:

Los años 1816 y 1817 los pasó casi enteramente en el continente europeo. Durante su residencia en él, tuvo la oportunidad de asociarse a una casa de comercio francesa; pero después de un pequeño ensayo abandonó la intención de adelantar su fortuna por aquel medio. Cuando regresó a Inglaterra se cansó pronto de una vida ociosa, y fijando su atención sobre el estado de la lucha entre la América Española y la metrópoli, consideró que el Río de la Plata era el punto más a propósito a que podía dirigirse; puesto que pocos o ningunos ingleses ansiosos de gloria militar habían marchado a aquel país, por cuya razón Mr. Miller lo prefirió a Colombia, cansada de aventureros de todas especies.

El libro se ocupa en narrar primero, desde el punto de vista del autor obviamente, las razones de la lucha; él las ubica en el defectuoso sistema colonial español, que había empujado a América a buscar su libertad. Eso abarca el capítulo 1; en el capítulo 2 pinta la escena en América durante los primeros convulsionados años del siglo XIX, hasta llegar al año cero: 1810.
En el capítulo 3 narra las operaciones militares entre patriotas y realistas en el territorio del virreinato del Río de la Plata, desde 1810 hasta 1816 aproximadamente. Esto da pie para narrar, en el capítulo 4, la preparación del Ejército de los Andes en Cuyo y el cruce de la cordillera. Allí, Miller retrocede en el tiempo y en el capítulo 5 explica la situación de Chile en el período de la “Patria Vieja”, y durante la reconquista realista, antes de narrar la campaña de San Martín en Chile hasta el fallido asalto a Talcahuano (diciembre de 1817). Recién en el capítulo 6 comienza el relato de la travesía de Miller llegando a Buenos Aires; y recién en el capítulo 7 lo vemos incorporarse al Ejército de los Andes argentino-chileno, a tiempo de participar en las batallas de Cancharrayada y Maipú.
Miller narra así los primeros días en el ejército patriota:

El primer pequeño incidente que ocurrió, fue el paso del río Maypo (…) su único puente está construido de un modo que puede llamarse de cables de cuero: lo necesario para que pase un carruage. (…). La infantería lo pasó (…) sin la menor dificultad (…) pero cuando llegó la artillería, principiaron las dudas de si podría o no verificarlo. Con obgeto de ver desfilar sus tropas y presenciar el paso del río, se había colocado el general (San Martín) en una alturita desde donde podía verlo todo, y al nacer estas dificultades, tuvo una especie de consulta co los gefes de ramo e inteligentes, sobre la posibilidad del paso de la artillería: en las dudas se ofreció el capitán Miller a conducir el primer cañón. (…) El carruage tomó tal velocidad, que los dos artilleros que lo sostenían, ayudados por el capitán Miller, perdieron el equilibrio y el cañón se disparó. La cureña se enredó en la balaustrada de cuero (…), el piso del puente adquirió una inclinación casi perpendicular, de forma que cuantos estaban en él, tuvieron que agarrarse a algo para quedar colgando, y no precipitarse en el torrente (…). Pero como no cedió ninguno de los apoyos del puente, se disminuyó poco a poco el susto (…) y se aventuraron dos o tres hombres a entrar en el puente a darles asistencia. Desmontaron con gran dificultad el cañón y la cureña, y lo condujeron todo en piezas separadas a la otra orilla. El resto de la artillería fue a pasar el río por un bado (sic), cuatro o cinco leguas mas abajo. El capitán Miller no perdió nada de su buen crédito por este accidente (…), antes al contrario le hizo conocer como un hombre que sabía despreciar su vida, al mismo tiempo que atrajo sobre sí la vista de su general, al principio mismo de su carrera.

Como puede verse en este texto, la narración entra en detalles muy sabrosos, que sólo se pueden conseguir en un testimonio de primera mano. A partir de aquí Miller no relata nada de oídas, sino lo que ha visto y vivido. A partir de aquí cuenta las acciones de guerra en que le tocó participar, en Chile y en Perú. Sirvió bajo el mando de su compatriota Cochrane, fuerte enemigo de San Martín aunque ambos luchaban contra los realistas. Cochrane ha dejado venenosos párrafos dedicados a San Martín, de donde se nutren algunos ultraderechistas chilenos para denigrar al Libertador. Afortunadamente, el pueblo de Chile en general no cae en estas trampas.
Es de imaginar lo difícil que sería para Miller estar entre dos jefes enfrentados mutuamente. A ambos les dedica palabras elogiosas, y procura mantener una distancia neutral al opinar. Así relata como se zanjó la disputa entre Cochrane y San Martín, protector del Perú:

El 26 del mismo mes (septiembre de 1821) transmitió el protector a lord Cochrane una copia de aquella parte de las instrucciones privadas que había recibido del gobierno de Chile, que le autorizaban como general en gefe de la expedición libertadora, para disponer del todo o parte de la escuadra, según lo considerase conveniente; y en virtud de estos poderes mandó al almirante y a los buques bajo su mando, salieran de las costas del Perú. Poco después el lord Cochrane dio la vela para California.

Las memorias de Miller llegan hasta la memorable batalla de Ayacucho (1824), aunque la edición que yo leí sólo narra las acciones en Perú hasta la renuncia de San Martín, después de entrevistarse en Guayaquil con Bolívar. Esto está bien aclarado en la primera página por parte de los editores.
Para quien guste de la historia y pueda disfrutar de libros testimoniales, encontrará en esta obra una fuente de buenos momentos. Hasta la próxima.

1 comentario:

María Del Carmen dijo...

Hola:

Recibí tu comentario en el blog. Estuve hablando con algunas personas sobre el tema y llegamos a la conclusión de que el material ya está distribuido en la red. Mi página hace la recopilación de ese material para un mejor alcance de ella. Si hablamos del aspecto moral, bueno, cada quien tendrá en su conciencia todo. Como aquellos que se niegan a descargar libros por estar en contra de la piratería, pero que tienen la compu llena de música e imágenes bajadas de internet. Todo eso se vería involucrado en lo mismo. Para esas personas lo mejor sería no realizar ninguna de dichas acciones para evitarse remordimientos. En el blog las personas tienen al alcance el material y está en su eleccion el descargarlo o no. A la autora a la que le solicité el permiso es Antonia Corral, escritora de Epitafio de un asesino. Quien me dió su punto de vista sobre el asunto. Además, no puedo contactar a todos los autores para informarles de la distribución de su obra. Siendo que el material ya está en la red, yo solo lo recopilo.

Saludos

María del Carmen