sábado, 31 de enero de 2009

En memoria de dos enamorados

“Camila” (1984)

Esta es una película argentina que surgió en la época posterior al retorno de la democracia en Argentina. En esa época llegaron a la pantalla grande varios tipos de película: había películas del “destape”, que solo se entienden si se tiene en cuenta la censura que ejerció el gobierno militar para proteger, decía, la moral y las buenas costumbres; entonces, con la democracia se hicieron las películas del destape, donde lo más importante es que hubiera malas palabras, groserías, referencias al sexo y unos cuantos desnudos. Otros filmes tenían la pretensión de mirar el país, su pasado y su presente, su esencia; en esa veta está el cine simbolista, pesado y aburrido por momentos. Luego había títulos que pintaban a la sociedad argentina del pasado reciente, como “No habrá más penas ni olvido”, “Los chicos de la guerra” o “La Historia Oficial”; y también películas que trataban temas lejanos en el tiempo, como “La Rosales”, “Asesinato en el Senado de la Nación” o “El general y la fiebre”. Y aquí incluyo a “Camila”.

Estrenada en 1984 de la mano de la directora María Luisa Bemberg, una de las glorias del cine argentino, este filme contaba en versión libre una historia real sucedida en Buenos Aires durante el segundo largo gobierno de Juan Manuel de Rosas: un sacerdote y una joven de buena familia de la sociedad porteña se enamoran y huyen para vivir ese amor prohibido. Como es posible que lectores de otros países (y seguramente también muchos de Argentina) no conozcan la historia y quieran ver el filme, no voy a contar el final. Pero el guión se atiene a los sucesos históricos.

La dirección, como ya dije, estuvo a cargo de María Luisa Bemberg, quien falleció en 1995. Esta mujer filmó películas de época, un género no muy frecuentado en Argentina, y menos que fueran protagonizadas por mujeres. Bemberg tiene una trilogía interesante que arranca con “Camila”, continúa con “Miss Mary” y concluye con “Yo, la peor de todas”. “Miss Mary” trata acerca de una institutriz inglesa y su relación con una acomodada familia argentina. Fue protagonizada por Julie Christie, una inglesa de verdad que también estuvo en películas de Hollywood, como “Troya” (Thetis, la mamá de Aquiles) o “Harry Potter y el Prisionero de Azkaban” (Madame Rosmerta). En cuanto a “Yo, la peor de todas”, cuenta la vida de la monja Sor Juana Inés de la Cruz, quien vivió en Nueva España (México actual) en el siglo XVII. Este papel estuvo interpretado por la española Assumpta Serna. Es importante decir que Maria Luisa Bemberg, además de dirigir esta trilogía, escribió el guión de cada filme; por lo tanto lo que sale en pantalla es producto de todo el trabajo y la pasión de esta espléndida mujer.

Decía que las películas de época no son muy abundantes en la filmografía argentina, y menos las épicas; después de “Camila” y las películas de su generación no hubo más películas de época, salvo un corto estrenado en 2008 que cuenta “El combate de San Lorenzo”. Una lástima, porque hay historias muy interesantes para contar, como esta. En “Camila” la escenografía está muy bien cuidada, así como los ropajes y la representación de las costumbres. Así y todo no hay espectacularidad en los escenarios; olvidémonos de cámaras aéreas que nos den un enfoque cenital, o panorámicas que abarquen el horizonte, o cámaras que sigan a los protagonistas puerta a puerta o escalón a escalón. Eso está bien y es lindo, pero no es imprescindible. La Bemberg demuestra que cuando la historia está bien contada, los trucos visuales no son necesarios.

Esta película es una coproducción entre Argentina y España. Me llamó la atención, pues generalmente cuando los europeos financian películas argentinas es para que se cuenten historias de pobreza, miseria, tristeza y cosas así que confirmen la idea de que efectivamente nosotros estamos en el Tercer Mundo. En este caso las firmas que aparecen asociadas son GEA de Argentina e Impala de Madrid; y la coproducción alcanza para colocar a Imanol Arias en un rol protagónico que sin duda beneficia a la película.

Arias interpreta al sacerdote Ladislao Gutiérrez, el cual en 1847 llega a Buenos Aires y como era costumbre es presentado a lo mejor de la alta sociedad; allí conoce a la familia de Adolfo O’Gorman y a la hija de este, Camila O’Gorman, a cual es una romántica empedernida, sobre todo gracias al contacto con su abuela, a la cual apodan “La Perichona”. Resulta que esta abuelita está, por decirlo así, en “arresto domiciliario”, recluida en la estancia de los O’Gorman; allí vive año tras año recordando al trágico amor de su juventud: el virrey Santiago de Liniers, ya fallecido. Pero Liniers no murió por amor, fue fusilado 37 años atrás por defender la causa española en las provincias del Río de la Plata, de las cuales había sido virrey y a las cuales había defendido contra las intentonas británicas. En este punto, alrededor de La Perichona, es donde Bemberg se toma licencias en el guión, pues las fuentes que consulté no mencionan que estuviera recluida, sino que vivió en su propia casa quinta y no en la de su hijo Adolfo. Como sea, Liniers y La Perichona se amaron apasionadamente, y la muerte de él la dejó a ella sola con el recuerdo de ese amor, recuerdos que se convirtieron en locura con la reclusión; pero en Camila encontró una confidente y una discípula a la cual enseñó que el amor puro es lo más importante de esta vida.

De hecho, Camila tiene pretendiente (“el mejor partido de todo Buenos Aires”, como le dice una de sus hermanas) y se llama Ignacio, pero ella no quiere el mejor candidato, sino el amor. Eso no encaja en el ambiente patriarcal que reina en la familia y en el país; en efecto, don Adolfo O’Gorman (magistralmente interpretado por Héctor Alterio) manda con mano de hierro y ya bastante sufre con la historia pasada de su madre la Perichona. Y en el país manda don Juan Manuel de Rosas, que conduce con mano de hierro los destinos de las provincias argentinas a pesar de que es solamente gobernador de una de ellas (Buenos Aires). Rosas ha sido ungido como “restaurador de las leyes” y para él la tradición y las costumbres autóctonas son lo único válido; todas las ideas de afuera tienen un tufillo raro.

Y precisamente de afuera se van colando entre esas ideas nuevas, el Romanticismo, que pregona la búsqueda del amor y desdeña otros valores. En un pasaje de la película, Camila lee un libro de Echeverria conseguido clandestinamente, ante la mirada aburrida de su pretendiente Ignacio. Bemberg elije ese ángulo para contar la historia, la del amor romántico entre dos seres que son perseguidos por la tragedia que significa no poder vivir su amor. Eso era el romanticismo original: amor y tragedia.


Rosas mantiene el orden con métodos, digamos, “poco ortodoxos”: de noche se escuchan gritos en las calles y a través de las ventanas pueden entreverse en las calles patrullas de milicianos que gritan “¡Viva la Santa Federación!” y desaparecen. Son los “agentes del orden”, cuya presencia nocturna es seguida al amanecer por la aparición de cuerpos sin vida. Aquí el filme traza un paralelo con la represión ilegal ocurrida durante la dictadura de 1976-1983, cuando “grupos de tareas” secuestraban sospechosos que se perdían para siempre o aparecían muertos por ahí sin explicación. En ambos casos el miedo se asomaba a través de las ventanas, sin atreverse del todo a ver qué pasaba en las calles.

Camila es interpretada por Susu Pecoraro, tal vez en la mejor interpretación de su carrera. Gracias a ella vemos a una Camila comprometida con el amor, buscándolo mientras reparte ternura a su alrededor, y la vemos enamorarse con el alma entera. Ella no duda un instante cuando encuentra el amor, y su convicción es tal que enfrenta todos los obstáculos, incluyendo la resistencia de Ladislao. Susu e Imanol Arias forman una pareja que se complementa a la perfección, y junto con Héctor Alterio sostienen la película entera.

Completan el repertorio: Carlos Gallardou, interpretando a Eduardo O’Gorman, el sacerdote hermano de Camila; Boris Rubaja en el papel de Ignacio, el pretendiente de Camila; y Juan Leyrado como José María, miembro de la rosista Sociedad Restauradora y pretendiente de otra de las niñas de la familia O’Gorman. Todas las actuaciones son sólidas y crean un buen cuadro de la época, ayudados por la recreación histórica. La sociedad de ese entonces, con su apego a las normas estrictas y a la importancia de mantener las apariencias, no tenía espacio para los jóvenes enamorados. Camila solo quería amar sin dañar a nadie, quería estar con Ladislao; pero todos se cebaron en ella y en castigar el amor.

Una historia real que podría haber sido una historia de tantas, pero que el destino tocó de una manera especial, a tal punto que vive hoy en la memoria. Quien vea la película entenderá por qué.

1 comentario:

Eugenia Diez dijo...

Hola! Alguien conoce el nombre de dos temas que aparecen en "Camila"? Uno es el "cielito del chingolo", en la escena en que con los ojos vendados encuentra a Ladislao. Es su cumpleaños, y ella canta este "cielito" con su hermano Eduardo, también sacerdote.
El otro es el que se canta en la procesión detrás de la cruz, cada persona con antorcha en la mano. Camila y Ladislao están en su casa, en Goya, y escuchan esta especie de letanía, o lamento, que a él le despierta sensaciones encontradas, y una reacción de tristeza -tal vez culpa- que resuelve haciéndole el amor frenéticamente a Camila. Gracias!
Eugenia